Caballeros de Solamnia:

Caballeros_SolamniaLos Caballeros de Solamnia han  existido desde la Era de los Sueños como una orden combatiente dedicada a la causa del bien. Todos los caballeros están compro­metidos por el juramento Est Sularus oth Mithas (“Mi honor es mi vi­da”). Las acciones de un ca­ballero a lo largo de su vida se definen en un extenso código de leyes conocido como la Medida

Injustamente culpada del Cataclismo, la caballería fue denostada durante la Era de la de­sesperación y mu­chos caballeros abandonaron sus juramentos sagra­dos. Unos pocos valientes se mantu­vieron firmes con su código y la Orden obtuvo respeto y po­der durante la Guerra de la Lanza. Los caballe­ros seguirán siendo una fuerza poderosa durante la Era de los Mortales a pesar de sus enormes pérdidas en la Guerra de Caos.

Origen de la Orden:

La Orden solámnica vio la Luz casi dos mil años antes de la Guerra de la Lanza, surgiendo, como un ave fénix, de las cenizas del Imperio de Ergoth. En aquellos días las dos islas ergothianas no estaban separadas del continente de Ansalon, sino que configuraban una porción de éste. Durante la Era de los Sueños Ergoth era una pequeña parcela, una región que fue creciendo hasta erigirse en un reino vasto y diverso, tanto que no podía administrarse eficientemente.

El emperador, Thal Palik, era el peor de una larga saga de soberanos ineptos y poco prácticos; el único método que conocía para preservar la disciplina era el dirigir a sus súbditos con mano de hierro. Concedía a su ejército de caballeros una importancia capital. Para mantenerlo, despilfarraba el erario público, desnivelando las finanzas y desangrando a los campesinos mediante la aplicación de abusivos impuestos.

Los habitantes de los llanos orientales de Ergoth eran gentes orgullosas, nobles e independentistas, que no tardaron en soliviantarse frente a semejante trato. Thal Palik, un sujeto pusilánime que siempre temió un alzamiento, estaba preparado. Hizo llamar al capitán de la guardia, Vinas Solamnus, y le mandó que partiera parar sofocar aquellos disturbios.

Vinas Solamnus, máximo oficial del cuerpo de centinelas en el palacio de Daltigoth, entonces la metrópoli, era un hombre compasivo, un aguerrido luchador y un jefe muy querido. Con un arraigado sentido del honor, quizá su único defecto era una incondicional lealtad al emperador que vendaba sus ojos ante las flagrantes irregularidades del gobierno de éste. Sin embargo, y pese a que salió resuelto a escarmentar a los insurrectos según le había ordenado su señor, se conmocionó al ver la represión e infrahumanas condiciones en que vivían los ergothianos fuera de la capital.

Cuando llegó a las planicies del norte, Solamnus anunció que se reuniría con los cabecillas rebeldes bajo una bandera blanca, de tregua, para oír su versión. Tales eran el respeto y la confianza que inspiraban el capitán, que los convocados acudieron al campamento y le expusieron abiertamente sus quejas. Las investigaciones posteriores ratificaron sus historias. Es más, el gallardo caballero quedó abrumado por la corrupción y privaciones que las pesquisas pusieron al descubierto. Lo que más le dolía era la conciencia de haber estado involucrado en el mal, al obstinarse en una ceguera que le había impedido advertir lo que sucedía ante sus mismas barbas.

Vinas Solamnus congregó a sus seguidores y les planteó el problema. Aquellos que creyeran en la causa de los lugareños estaban invitados a quedarse, mientras que los objetores tenían plena autorización para regresar a Daltigoth. Aunque sabían que tal decisión entrañaba el exilio y quizá la muerte, la mayor parte de los hombres permanecieron junto a su oficial. Sólo una minoría viajó a la urbe, llevando un mensaje al emperador. “Retractaos de todas las injusticias que habéis infligido a vuestro pueblo, o aprestaos a batallar”, rezaba la misiva. Thal Palik acusó al caballero de traidor y lo destituyó de su cargo, requisando sus propiedades. Los moradores de Daltigoth hicieron sus preparativos bélicos.

Fue así como estalló la Guerra de las Lágrimas de Hielo. Pese a sufrir Ergoth el invierno más crudo que jamás registraron las crónicas, Solamnus y su abnegado ejército de soldados y nobles organizaron una marcha hasta la capital, que procedieron a sitiar. El mismo capitán encabezó osadas incursiones más allá de las murallas. Estas operaciones obedecían a un doble propósito: en primer lugar, desmantelar las despensas de víveres y, en segundo, poner a los ciudadanos en antecedentes de la iniquidad de su monarca, demostrándoles que los sometía a rigores sin nombre mientras él se refugiaba en palacio. Dos meses más tarde, la metrópoli se rendía. Una revuelta desde dentro, propugnada por algunos de los caballeros a los que Solamnus permitió volver a Daltigoth, forzó a Thal Palik a pactar la paz.

El resultado de las negociaciones fue que las provincias más septentrionales de Ergoth consiguieron el autogobierno. Agradecidas con Vinas, las gentes lo proclamaron rey y, para perpetuar su heroica gesta, llamaron Solamnia a la nueva nación. Aunque no alcanzó mucho poderío durante aquella etapa, la palabra “Solamnia” se convirtió en sinónimo de honradez, integridad y firme determinación.

Historia de la Orden tras el Cataclismo:

Cuando, en el momento de la Guerra de la Lanza hace de ello más de tres siglos, el Príncipe de los Sacerdotes de Istar desató sobre Krynn la ira de los dioses y estos últimos, en castigo al pecado de soberbia de los mortales, los aplastaron bajo una montaña ígnea, la desolación que provocó tamaña catástrofe (nos referimos, por supuesto, al Cataclismo) dejó al mundo desbaratado durante años. Aunque su territorio no fue el más perjudicado, el pueblo de Solamnia padeció como todos. Los engendros del Mal, largo tiempo ausentes, retornaron.

En medio de tantos desastres, el pueblo se levantó contra los Caballeros de Solamnia. Durante centurias los miembros de la Orden habían velado por la paz y la seguridad del reino. Ahora, sin embargo, en el momento más crítico de su devenir, estaban impotentes. Se difundieron como la pólvora rumores de que habían tenido una premonición del Cataclismo y no habían hecho nada para prevenirlo. Siempre según voces maldicientes, algunos intentaban sacar provecho del caos reinante aumentando sus haciendas.

Poco más tarde, aquellos hombres inocentes eran abucheados e injuriados en público. Y se cometieron actos más negros que el oprobio verbal: los paladines solámnicos fueron vilmente asesinados, se allanaron sus castillos y se eliminó o mandó al exilio sus familias. Tan disgregados quedaron que, para el gran vulgo, la estirpe se extinguió.

También el tiempo (un elemento más dañino que el Cataclismo y más implacable que el odio de sus congéneres) jugó en contra de la hermandad. El Código y la Medida los habían guiado, inalterables, a lo largo de un milenio. Pero entretanto el mundo había cambiado, adoptado modos y modas que los autores de su normativa no podían ni imaginar. La meticulosa legislación por la que los caballeros regían sus acciones estaba anticuada, había caído en desproporción, y ya no daba respuestas a los interrogantes que suscitaban el constante evolucionar de las personas y el paso de los lustros. La Medida era ley, sí, mas una ley inflexible no moderada por un auténtico sentido de la equidad. Muchos de los nuevos soldados solámnicos se preguntaban cuánto tardaría la justicia en demandar que se rompieran sus férreas reglas.

Los caballeros que no quisieron abandonar su patria hubieron de merodear por la región en secreto y bajo nombres supuestos. No renunciaron, empero, a sus ideales ni al honor, y continuaron combatiendo en la medida de sus posibilidades la perversidad que se adueñaba a ojos vistas de Ansalon. Unos pocos, incapaces de tolerar resignadamente su pérdida de posición, dejaron casas y heredades para establecerse en Sancrist, la isla más occidental de Ansalon, más allá de las Islas Dergoth.

Situación de la Orden durante la Guerra de la Lanza:

En la época de la Guerra de la Lanza están vacantes todos los puestos de privilegio, es decir, los de Gran Maestre, Guerrero Mayor, Sumo Sacerdote y Primer Jurista. Sólo hay, que se sepa, sesenta y tres guerreros de las diferentes Órdenes, las cuales compiten por tales cargos realizando heroicidades en la contienda (pese a este reducido número de componente, la Orden tiene contratados numerosos mercenarios y militares a su orden, pero que no forman parte de la propia Orden). La tensión alcanza cotas altas, pues la rivalidad se desarrolla tanto entre los individuos como entre los sectores mismos. La tradición exige que sea un Caballero de la Rosa quien acceda a la soberanía, al título de Gran Maestre. No obstante, aún no ha descollado lo bastante para ser aclamado unánimemente, y las disputas continúan.

Solamnia tiene la plata como patrón económico. La unidad monetaria más preciada es el monarca de plata, a la que le siguen los castillos y ducados del mismo metal. De todos ellos existen equivalentes en cobre. Si se acuña una moneda de oro, se calcula su valor en piezas de plata. Esto ha generado problemas ante la situación actual de la economía de Ansalon, pues en el resto del continente el mayor valor monetal es el acero, debido a la situación bélica actual. Por ello, muchas voces dentro de la Orden han empezado a exigir que se actualice el antiguo sistema monetal de la desaparecida nación de Solamnia, y parece que ya se están planteando medidas al respecto. Evidentemente, el resto de Solamnia funciona con acero, ya que cada ciudad es independiente y no existe una unidad política; sólo la orden conserva el antiguo sistema, aunque no por mucho tiempo.

Estructura de la Orden:

Vinas Solamnus fundó los Caballeros de Solamnia en la Era de los Sueños, si bien esta organización apenas ha cambiado con el discurrir de los siglos.

● Altos dirigentes de la Orden:

Rige la hermandad el Gran Maestre, que arbitra como juez supremo en las cuestiones preponderantes de los caballeros y, por ende, de la nación de Solamnia. Aunque durante la Guerra de la Lanza este puesto está vacío, y se lo disputan dos caballeros de alta cuna: Derek Crowguard y Lord Gunthar.

En el escalafón inmediato inferior se alinean tres dignidades, cada una representativa de cada una de las Tres Órdenes en que se divide la institución (Corona, Espada y Rosa). Estas tres dignidades, de mayor a menor importancia, son:

Primer Jurista: Orden de la Rosa.

Sumo Sacerdote: Orden de la Espada.

Guerrero Mayor: Orden de la Corona.

Según la Medida, quienes ostentan tales rangos son encarnaciones vivas del Honor, la Sabiduría y la Lealtad. Esta tríada supervisa de un modo global todo cuanto concierne a la entidad, si bien ninguno se interfiere en lo que específicamente incumbe al otro como máxima autoridad de su propia Orden.

● Las Tres Órdenes de la Caballería: Corona, Espada, Rosa.

Las tres Órdenes o sectores de los Caballeros de Solamnia, de mayor a menor poder, se denominan:

Orden de la Rosa: honor.

Orden de la Espada: sabiduría.

Orden de la Corona: lealtad.

Los escuderos que hacen méritos suficientes para ingresar en la hermandad lo hacen bajo el estandarte de la Corona, pues antes que nada deben aprender los principios y leyes de la lealtad. No podrán promocionarse y saltar a la Orden de la Espada hasta dar constancia de haber asimilado tales preceptos. Las pruebas son estrictas; por un lado, hay que realizar proezas inimitables en la batalla y, por otro, observar una intachable adhesión a la Medida en todas las facetas de la vida. En la tercera sección, la de la Rosa, que es la más selectiva, no son admitidos sino los aristócratas de cuna. Ésa es la causa de que Huma quedara excluido, pese a que muchos ven en él al mejor y más completo de los caballeros en los reseñados aspectos de honorabilidad, saber y devoción.

Caballeros_Solamnia_SímboloCada caballero lleva un broche con el símbolo de su Orden inscrito (una rosa, una espada o una corona) para sujetar la capa a la armadura. Todos portan un escudo en cuya superficie aparece el emblema de la entidad: un martín pescador de alas medio desplegadas que aferra una espada entre sus garras y gira la cabeza hacia arriba, sosteniendo una corona en la punta de su pico. Estos adornos los hacen reconocibles dondequiera que vayan.

● Organización de los Caballeros Beligerantes: estructura militar.           

El poder militar de los caballeros está cuidadosamente estratificado. Los soldados que se baten en defensa del reino y del honor han de formar sus tropas tal como estipula la Medida.

La Medida establece que las 3 Órdenes deben englobar 21 ejércitos (7 de cada una). Cada uno de estos ejércitos tendrá 3 brigadas o sectores, comandada cada una de ellas por 1 caballero con grado militar de una de las tres Órdenes. De entre estos 3 mandos se elige a un cabecilla general, llamado Coronel Guerreo. Dicho Coronel Guerrero será elegido por consenso mayoritario de los tres caballeros con grado que capitanean las brigadas, y debe ejemplificar los más elevados ideales de la hermandad, además tendrá derechos limitados.

Si cae en la liza un caballero con grado, ocupará otro su puesto. De fallecer el Coronel Guerrero, cada uno de los caballeros con grado conducirá a su propia brigada y se nombrará uno provisional para guiar a la que haya quedado sin dirigente, hasta que pueda convocarse un Consejo Plenario.

Esta estructura contribuye a templar las decisiones tomadas en combate, puesto que han de ser sometidas a triple voto, al mismo tiempo que propicia la unidad en la institución.

● Consejo Plenario:

Estos consejos se celebrarán según se describe en la Medida. Para que tengan efecto deberán estar presentes tres caballeros con grado, uno de cada Orden de Caballeros. Si alguna de las Órdenes no puede enviar representación oficial, asistirá en su lugar un caballero raso.

Los consejos se reunirán para los siguientes cometidos:

1.- Determinar estrategias de guerra.

2.- Asignar funciones para guerras y batallas.

3.- Seleccionar al Coronel Guerrero antes de una confrontación.

4.- Presentar cargos sobre conducta indigna, y dictar sentencia.

5.- Honrar a quienes hayan actuado gallardamente en el campo del honor.

6.- Dilucidar cuestiones relativas a la Medida.

El Código y la Medida:

El documento de La Medida de los Caballeros comprende treinta y seis tomos en su totalidad; por ello aquí solo se exponen algunos pasajes y epígrafes de La Medida de los Caballeros, extraídos de los manuscritos de Vinas Solamnus y sus sucesores.

Los componentes de la Orden de los Caballeros de Solamnia suscriben dos normas: el Código y la Medida.

El Código: se cifra en la divisa “Est Sularis oth Mithas”, o “El Honor es la Vida”, juramento que se hace al recibir el espaldarazo.

– La Medida: por su parte, consta de una extensa colección de cánones y pautas, un compendio de muchos volúmenes destinados a definir ese honor.

El Código gobierna todo lo que es y hace un caballero. Es la sangre que corre por sus venas, algo más sagrado que la vida misma.

Da la Medida de un caballero su cumplimiento del Código. Lo juzgamos contra la Medida y por la Medida. La Medida de la Rosa aquilata la divina Sabiduría de los caballeros. La Medida de la Espada aquilata la disciplina del Honor. La Medida de la Corona aquilata la Lealtad y la Obediencia.

Gran parte de la Medida dicta normas para la estructura de la Orden y la organización de sus tropas, pero de eso ya hemos hablado más arriba.

● Órdenes Caballerescas y la Medida:

La Orden de la Rosa toma su Medida de las hazañas que entrañan sabiduría y justicia. Ejemplos: apiadarse de los menos afortunados, sacrificar la vida en beneficio del prójimo, defender la Medida con desprecio del bienestar propio, proteger las vidas de los compañeros de la hermandad y cuidar de que no se destroce ni se siegue una vida en vano.

La Orden de la Espada toma su Medida de las obras demostrativas de heroísmo y coraje. Ejemplos: enfrentarse al mal sin consideración por el sufrimiento físico, aceptar un desafío de pelea en honor de la hermandad, defender ese honor a capa y espada, salvaguardar la honra de un compañero y proteger a los indefensos y desamparados.

La Orden de la Corona toma su Medida de las muestras de obediencia y lealtad dadas a los rangos superiores según lo acordado en las Asambleas del Poder Supremo. Ejemplos: obediencia sin vacilaciones ni réplica a aquellos cuya autoridad sancionan los Consejos Plenarios, devoción a los ideales de la Medida, fidelidad a los caballeros de todas las Órdenes, y cualquier otra actividad tendente a fortalecer la lealtad propia y ajena.

Ningún caballero hallado en falta respecto a los dictámenes de la Medida, sea cual fuere su Orden, podrá comandar a otros en lucha armada ni participar en consejos hasta que se arrepienta de sus afrentas a la hermandad.

Leyendas relacionadas con la Orden:

Tan de curso legal como el dinero son las leyendas, en particular las dos que resumimos seguidamente.

– Bedal Brightblade: fue un héroe que luchó él solo contra los nómadas del desierto, guardando un collado de acceso a Solamnia hasta que llegaron refuerzos. Su espada, Filo Fulgurante, era obra de los enanos y, si los testigos no mintieron, nunca se oxidaba ni perdía el brillo, por muy vigoroso que fuera su uso. La tumba del personaje está en algún lugar de las montañas del sur. Hay quien piensa que Bedal resucitará y volverá a Solamnia en la hora de las calamidades. Sturm Brightblade podría ser descendiente de esta figura, y dicha espada podría ser la que él porta actualmente.

– Huma Dragonbane: mítica personificación del caballero sin mácula, formó un grupo para destruir a los dragones y echarlos de Solamnia. Su historia, recogida por el bardo elfo Quivalen Soth (no confundir con Lord Soth, no tienen nada que ver), está muy fragmentada. Algunos dudan de que existiera jamás. Pero todavía sigue contándose el episodio del último enfrentamiento entre Huma y la Reina de la Oscuridad, la dirigente de las huestes reptilianas, así como el malhadado idilio del soldado y un Dragón Plateado.

El heroico caballero mató a la perversa Reina de la Oscuridad, transformada en Dragón de Cinco Cabezas, con ayuda de su amada, pero fue herido mortalmente. Según algunos relatos expiró en el campo de batalla, mientras que otros hablan de una agonía de varios días, tan pavorosa que hasta los dioses se condolieron de su sufrimiento. Al compartir su dolor, las divinidades desencadenaron grandes tempestades sobre la tierra. Aún en la actualidad se dice, cuando el rayo surca el cielo y ruge el trueno, que los hacedores rinden tributo al valeroso Huma.

El soldado fue sepultado con solemnidad. Durante muchas décadas, quienes aspiraban a enrolarse en la hermandad hacían un peregrinaje a su sepulcro que (algunas fábulas así lo explican) estaba esculpido en forma de Dragón Plateado. Pero, tras el Cataclismo, al hundirse Ansalon en las tinieblas de la malignidad, la senda de la Tumba de Huma se volvió sombría y azarosa. Y poco después, la gente empezó a cuestionarse su existencia. Actualmente se desconoce la localización de su cadáver y el monumento donde yace.

Los Caballeros de Solamnia como Clase de Prestigio:

Aventuras: los ver­daderos caballeros son devotos del Código y la Medida. El mal debe ser destruido y los indefen­sos, protegi­dos. Quienes son valientes y sinceros obtendrán honor y gloria. Muchos caballeros están asignados a tareas específicas, que pueden ser tan mundanas como vigilar un lugar importante, o tan apasionantes como batallar contra asaltantes minotauros. En tiempos desesperados, los caballeros pueden llevar a cabo misiones peligrosas que impliquen largos viajes para recuperar un artefacto valioso. Los caballeros que no tienen tareas específicas pueden ir de aventuras, y se­rán aclamados si mantienen su honor y los ideales de su orden.

Características: el Código y la Medida deter­minan las acciones del Caballero de Solamnia. Le proporcionan el coraje para enfrentarse a peligros terribles, le dan fuerzas cuando las suyas le fallan y le conceden orientación cuando se enfrenta a elec­ciones difíciles. El Código y la Medida dirigen al caballero para capitanear la causa del bien y man­tener las leyes (al menos aquellas que son coheren­tes con sus creencias). Un caballero honorable ayu­da a los necesitados sin esperar ni pedir nada a cambio.

El conocimiento de un persona­je sobre el Código y la Medida se cuantifica con rangos en la habili­dad Saber (nobleza y realeza).

Alineamiento: los caballeros de Solamnia de­ben ser legales buenos. Aquellos que cambien de ali­neamiento serán expulsados de la orden si los des­cubren. La definición de la ley y el bien de los caballeros de Solamnia está muy clara en la Medida.

Religión: a lo largo de la historia de la Orden la deidad principal de esta será Paladine, aunque muchos caballeros rinden culto a Kiri-Jolith. Después de la Guerra de los espíritus, Kiri-Jolith sustituirá a Paladine como deidad princi­pal venerada por los caballeros de Solamnia, aunque honran la memoria de Paladine y sienten un profun­do respeto por el Dios Andante, Valthonis, porque su sacrificio personifica un acto desinteresado de bon­dad y honor. También reverencian al resto de dioses del bien.

Trasfondo: durante incontables generaciones, los caballeros de Solamnia sólo provenían de los jó­venes nobles de Solamnia, a menudo de familias con una relación muy estrecha con la caballería (inclu­yendo nombres como Brightblade (NdT: que signifi­ca “hoja brillante”), Crownguard (NdT: que significa “guarda corona”) y Arcoalto. Esto fue especialmente cierto durante la Era de la Desesperación, cuando los caballeros eran denostados por mucha gente. Pocos jóvenes querían convertirse en caballeros, y los que lo hacían provenían de familias en las que unirse a la caballería era una antigua tradición. Durante y des­pués de la Guerra de la lanza, los caballeros abrieron sus filas a los no solámnicos y permitieron que los plebeyos ascendieran a los cargos más altos.

Razas: tradicionalmente los caballeros sólo han aceptado a humanos en sus filas, aunque después de la Guerra de la Lanza empezaron a aceptar a semiel-fos (aunque son casos raros). Los caballeros han honrado a individuos excepcionales de otras razas con títulos, como en el caso del héroe enano Kharas, pero no son admitidos en la caballería.

Otras clases: aunque los disciplinados caballe­ros trabajan mejor con sus propios compañeros, pueden convertirse en miembros efectivos de un equipo diverso. A excepción de los siglos que van del Cataclismo a la Guerra de la Lanza, la Orden se caracteriza por ser altamente religio­sa, y sus miembros son muy respetuosos con los clérigos buenos, y encuentran camaradería con los guerreros y bárba­ros de alineamiento no maligno. Durante la Era del Poder y hasta una vez finalizada la Guerra de la lanza, a los caballeros no les gustan ni confían en los mágicos, pero los de otras eras los aceptan y trabajan con los magos de Túnica Blanca, aunque mantienen la distancia con otros lanzadores de conjuros. Los caballeros no to­leran el comportamiento maligno ni caótico, y en se­guida se apartan de quienes lo muestran (si es que no los desafían directamente).

Avanzar de orden:

El personaje que quiera seguir la carrera del Caballe­ro de Solamnia tiene varias opciones, pero primero debe aplicarse como escudero de la corona (consul­ta el Caballero de la Corona), y después cumplir todos los requisitos para la clase de prestigio Caba­llero de la Corona. Como Caba­llero de la Corona, el personaje puede elegir avanzar en esta clase o, cum­pliendo todos los requisitos estadísticos e interpreta­tivos, avanzar para convertirse en Caba­llero de la Espada. Como Caba­llero de la Espada, igualmente, puede elegir mantenerse como tal (maximizando sus aptitudes de lanzamiento de conjuros) o solicitar el ingreso en los Caballeros de la Rosa después de cum­plir todos los requisitos de esa orden.

Cuando un personaje avanza a una nueva orden nunca puede obtener niveles adicionales en ninguna de sus clases previas de Caballero Solámnico. Por ejemplo, un Caballero de la Rosa nunca puede subir de nivel como Caballero de la Corona ni de la Espada. Sin embargo, sí puede intercalar sus niveles de caba­llero con niveles en otras clases, normalmente gue­rrero o clérigo (un caballero de la corona de 20° ni­vel, por ejemplo, probablemente será un Gue l0/Cco10 o Clrl0/Ccol0).

Las tres órdenes están claramente establecidas jerárquicamente, y un caballero que desee conver­tirse en un Caballero de la Rosa primero debe pasar por las dos órdenes menores. Sin embargo, no to­dos los caballeros aspiran a llegar tan lejos, ni a to­dos los que lo desean se les permite. Existen Caba­lleros de la Corona y de la espada de 20º nivel, personajes valientes y capaces que eligen sobresalir en órdenes menores en vez de avanzar hasta la más alta. De hecho, la orden tripartita de los Caballeros de Solamnia no está gobernada únicamente por ca­balleros de la rosa, sino por representantes de las tres órdenes. Además, avanzar únicamente en una orden menor no quiere decir que el PJ sea menos poderoso que otro que ha decidido llegar a la máxima cantidad posible de niveles de Caballero de la Rosa.

Tras el telón: la virtud caballeresca.

Los requisitos de las clases de prestigio Caballero de la Espada y Caballero de la Rosa incluyen un extenso requisito llamado “virtud caballeresca”. Estos requisi­tos son proezas que el caballero debe haber llevado a cabo para probar su compromiso con los ideales solámnicos de honor y virtud, y su obediencia al Có­digo y la Medida. Las guías para estas proezas siem­pre han sido un poco vagas. En el mundo de juego, determinar qué constituye una prueba aceptable de la generosidad de un caballero se deja a discreción del Consejo Plenario de Caballeros. En el propio jue­go, el tema se deja a discreción del DM. Algunos ju­gadores disfrutan apuntando las pruebas de sabidu­ría que han superado sus caballeros y después interpretando todo el proceso ante el consejo plena­rio, junto con el resto de PJs como testigos. Otros preferirán pasar por alto todo el proceso y dar por sentado que, en el momento en que el personaje cumple los requisitos estadísticos (ataque base, do­tes, etcétera), también ha completado los interpreta­tivos. Cualquier método está bien.

Los prerrequisitos estadísticos de cada clase de prestigio se definen claramente y son fáciles de adju­dicar, pero el prerrequisito de interpretación puede ser más libre o abierto a disquisiciones. Si estás inte­resado en interpretar a un personaje Caballero de Solamnia, habla con tu DM sobre lo estricto que planea ser en relación a las pruebas requeridas para que tu caballero avance de orden y llegad a un acuerdo con el que ambos os conforméis. Mientras cumplas el res­to de prerrequisitos, las clases de prestigio funcionan bien tanto si decidís interpretar estas misiones como requisitos estrictos o como guías más flexibles.

Ex caballeros de Solamnia:

Un caballero de cualquier orden que deje de ser legal bueno, que cometa voluntariamente un acto malig­no, o que viole gravemente el Código y la Medida pierde inmediatamente cualquier aptitud sobrenatu­ral y de lanzamiento de conjuros. Si sus acciones son descubiertas, pueden enfrentarse a un proceso ante el consejo plenario de caballeros. Las posibles sen­tencias incluyen la privación del título de caballero o incluso la ejecución (en la que se corta el cuello al caballero con su propia espada). Las acciones malig­nas pueden ser expiadas (consulta la descripción del conjuro expiación).

Las Tres Órdenes, las tres clases de prestigio:

Icono_Caballeros_Solamnia_CoronaCaballero de la Corona: La Orden de la Corona es el primer escalón en la jerarquía de los Caballeros de Solamnia. Suponen el grueso de combatientes de la orden, entrenados para la obediencia y la lealtad, con el cargo de mantener el honor de la caballería y de su orden. Su máxima premisa es la lealtad.

Icono_Caballeros_Solamnia_EspadaCaballero de la Espada: La Orden de la Espada es el segundo escalón en la jerarquía de los Caballeros de Solamnia. Forman un cuerpo de combatientes que luchan con el poder de la fe para defender la justicia y la verdad. Son unos poderosos campeones del bien y su máxima premisa es la sabiduría.

Icono_Caballeros_SolamniaCaballero de la Rosa: La Orden de la Rosa es el escalón superior en la jerarquía de los Caballeros de Solamnia. Son una orden que abraza el honor guiado por la sabiduría y la justicia. Son los líderes dentro de la orden, son la cabeza de la misma. Su máxima premisa es el honor.

Fuente: Escenario de Campaña de la Dragonlance 3.5.

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